La mancha de aceite flota. Siempre ha flotado, y ahora no va a ser menos. Flota sobre el agua estancada de quién sabe qué recipiente. No tiene conciencia ni puede pensar. Pero aún así, piensa. ¿Por qué flota? Quizás porque es menos densa que el agua, pero ¿qué hace en el agua? ¿Por qué está ahí? Quiere huir, ser libre, no ser simplemente una mancha de algo menos denso que el agua. Pero es sólo una mancha de aceite, y no puede escapar. Y el agua no se da cuenta de que la mancha no es agua, es una mancha de aceite. ¡Qué desgracia, estar destinada a formar parte de algo que no es como tú, sin poder mezclarte con el resto de la sustancia! ¿Acaso nadie piensa ir a salvarla? Pero la mancha de aceite no conoce otra cosa; está ahí y siempre lo ha estado. Y sin embargo sueña, sueña con no ser una mancha, con ser parte de un conjunto de su misma naturaleza. Y fluir libremente, y mezclarse con los suyos. Pero ¡ay!, la mancha es sólo una mancha, y su destino es flotar. ¡Qué terrible destino, qué triste existencia! ¡La mancha de aceite es sólo una mancha de aceite que flota, y siempre lo será!