14 de octubre de 2011

 [...] - Nuestro objetivo como directores de orquesta es el poder. Nuestro espectáculo no es la música, es el poder. Cuando el público viene a la sala no oye la música, siente el poder. No es el poder mal utilizado, no es el poder sólo de la fuerza, de la energía. Es el poder del control. El público es el catalizador de todas las energías que se producen en la sala, donde, indudablemente, la música es importante, pero nuestro objetivo es la comunicación del orden; la comunicación de la armonía, el cosmos, que se produce con nuestra actuación. El público quiere sentir un universo ordenado. Nosotros somos la figura unificadora de todas esas sensaciones. Jamás ningún compositor imaginó que la música pudiera ser oída sin ser vista; jamás ningún compositor imaginó que la música pudiera ser grabada. Todos los compositores, hasta casi la mitad del siglo XX, pensaron la música como un espectáculo escénico. Y en ese espectáculo nuestro trabajo está claro: mostrar el poder, ser muestras vivas del poder.

José Carlos Carmona: "Sabor a canela"